Caparazón. Qué hariamos sin él… Desde que nacemos hasta que morimos nos acompaña pegado a nuestra piel, dándonos cobijo, calor y protección. No voy a negar que mas de una vez me he preguntado como sería mi vida sin él, pero forma parte de mi y en mas de una ocasión me ha ayudado a sobreponerme en momentos de dificultad. Pero pesa. A veces pesa demasiado. Es en esos momentos cuando sientes la necesidad de liberarte para disfrutar de esas cosas que tu escudo protector te impide conocer.
La última vez que lo hice… descubrí que los humanos tambien teneis caparazón.
Había recorrido una gran distancia y necesitaba descansar. Estaba cerca de la orilla asi que decidí salir y acomodarme en la arena. No me había fijado pero tenía compañia. Allí estaban los dos. El padre sonreía mientras hablaba con su hijo e intentaba que su pequeño no saliese corriendo y me asustase. No sabía que hacer pero el cansancio me hizo cerrar los ojos un momento. Fue al de poco cuando sentí el roce del pequeño rodeándome con sus brazos. Abrí los ojos y le miré a los suyos. Me di cuenta como sonreía mientras me daba suaves golpecitos en el caparazón. Me fascinó el brillo de sus ojos. Eran claros, vivos y valientes. Los de una persona noble con capacidad para amar, sin odios, sin rencores, sin malas intenciones. Eran ojos de un ser lleno de auténtica pureza y amor.
Mientras seguía explorando cada parte de mi caparazón, busque la mirada de su padre. Me di cuenta que detrás de aquella sonrisa, había dos ojos que brillaban como el agua mas pura, y junto a ellos, dos lagrimas que empezaban a recorrer su rostro. Me asusté. Sentí algo que no había logrado comprender. Eran lágrimas de felicidad. Lágrimas de amor por un sueño cumplido: la de ver a su hijo logrando hacer realidad los suyos. Fue cuando entendí que los humanos tambien teneis caparazón. Invisible, pero duro y firme como el nuestro. Pero con una diferencia muy grande respecto al nuestro. El vuestro es de quita y pon.
Sed valientes y aprended a vivir sin él. Vosotros… podeis.






